Los Apóstoles
(panel 9)
Libros | Hechos y las Epístolas de Pablo
Descripción de la pintura
Debajo de la pintura encontrará cada número junto con su imagen y descripción.
Pablo testificando en Roma
(Hechos 28).
Después de haber llegado a Roma, Pablo fue puesto preso por dos años en su propio domicilio. En esa casa se reunían las personas que deseaban oír el evangelio y, desde allí escribió las epístolas a los Filipenses, Efesios, Colosenses y Filemón. A través de esta situación aparentemente adversa, el evangelio pudo llegar también a las autoridades romanas. Los planes de Dios son diferentes a los nuestros, pero siempre son mejores. Debemos seguir confiando en sus planes, aunque a la vista humana no tenga sentido. Dios nunca falla.
El capítulo del amor
“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve” (1 Corintios 13: 1-3).
El capítulo del amor
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13: 4-7).
Timoteo, Eunice y Loida
(2 Timoteo 1, 3).
Loida, la abuela materna de Timoteo, fue una mujer piadosa que enseñó las Santas Escrituras a su hija Eunice, y a su nieto Timoteo. Timoteo llegó a ser un descípulo de Pablo, y un líder en la iglesia primitiva, gracias a la educación cristiana recibida en su hogar. ¡Cuán importante y trascendental es lo que se enseña a los hijos!
Testigos oculares
“Porque cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no seguimos fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad. Pues cuando Él recibió honor y gloria de Dios Padre, la majestuosa Gloria le hizo esta declaración: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; y nosotros mismos escuchamos esta declaración, hecha desde el cielo cuando estábamos con Él en el monte santo” (2 Pedro 1:16-18).



























