La creación y el Edén perdido

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Libro | Génesis

Descripción de la pintura

Debajo de la pintura encontrará cada número junto con su imagen y descripción.

Antes de la creación

(Génesis 1:1, Juan 1:1-3, 14).
Solamente hay dos maneras de vivir, pensar y decidir en esta vida, y todo estará basado en dos premisas: la evolución, que dice que todo se ha formado de la casualidad y no tiene un origen de inicio y, la creación, que fue hecha por la Palabra de Dios, la cual tiene un inicio, un Creador, un Dios que prevee y provee. El que creó todo, tiene poder para crear en ti un nuevo corazón.

Solo dile: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10).

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El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo

Génesis 1:1 dice que en el principio creo Dios (Elohim) los cielos y la tierra. Elohim en hebreo se refiere a Dios en plural: Dios Padre, Jesús y el Espíritu Santo. Todos involucrados en la creación. Esto nos habla de un Dios que planea lo que crea y tú has llegado a este mundo porque Dios planeó tu llegada con propósitos bien definidos.

“Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos” (Salmo 138:8).

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Los siete días de la Creación

1. Luz, oscuridad.  2. Agua, firmamento.  3. Tierra seca, mar, vegetación.  4. Sol, luna, estrellas.  5. Peces, aves.  6. Mamíferos, Adán y Eva.  7. El Shabath (Sábado), día de descanso en el Señor (Génesis 1-3).
Dios termina la creación haciendo provisión para mantener un día especial para detenernos de todas las actividades de la semana y comunicarse con nosotros.

“Acuérdate del día de reposo [sábado] para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás  toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo [sábado] y lo santificó” (Éxodo 20:8-11).

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El Jardín del Edén

Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos” (Génesis 2:8-10).

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La desobediencia

Eva se aparta de Adán, y al acercarse al árbol de la ciencia del bien y del mal, es engañada por la mentira de la serpiente (satanás), y come del fruto que Dios le había prohibido. Eva invita a Adán a comer, y así los dos desobedecen a Dios. Con la entrada del pecado, llenos de vergüenza y temor, se alejan y se esconden de la voz de Dios. (Génesis 2:16, 17; 3:1-8)

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La búsqueda

“Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?” (Génesis 3:8, 9). 

Dios siempre nos busca con amor, tierna misericordia y compasión.
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

Ahora Él te busca a ti y te pregunta: “¿Dónde estás tú?”.
¿Qué le responderás?

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El Redentor prometido

La consecuencia del pecado es la muerte.  Adán y Eva tienen que salir del Jardín del Edén, pero no salen sin esperanza. Dios promete terminar la enemistad a través de un Redentor.
“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).
“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4).

La sombra de la cruz representa el sacrificio que hizo Jesús mismo, dando su vida por nuestros pecados.
“Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28).
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).

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Caín y Abel

Adán y Eva tuvieron primero dos hijos: Caín, labrador de la tierra; y Abel, pastor de ovejas.
“Estos hermanos fueron probados, como lo había sido Adán antes que ellos, para comprobar si habrían de creer y obedecer las palabras de Dios. Conocían el medio provisto para salvar al hombre, y entendían el sistema de ofrendas que Dios había ordenado… Sin derramamiento de sangre no podía haber perdón del pecado; y ellos habían de mostrar su fe en la sangre de Cristo como la expiación prometida ofreciendo en sacrificio las primicias del ganado” (PP 58)
Abel presentó un sacrificio de su ganado, pero Caín, desobedeciendo al Señor, presentó solo una ofrenda de frutos. Dios aceptó la ofrenda de Abel, pero no la de Caín. Enfurecido, Caín mató a su hermano.
“Caín y Abel representan dos clases de personas que existirán en el mundo hasta el fin del tiempo. Una clase se acoge al sacrificio indicado; la otra se aventura a depender de sus propios méritos;… Los que creen que no necesitan la sangre de Cristo, y que pueden obtener el favor de Dios por sus propias obras sin que medie la divina gracia, están cometiendo el mismo error que Caín” (PP 60).

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La primera comunidad de fe

Después de la muerte de Abel, Caín escogió seguir sus propios caminos. Dios le dio a Adán y a Eva otro hijo, cuyo nombre fue Set. Después de ese día, los seres humanos se separarían en dos grupos: los que obedecen a Dios, y los que se apartan de Él.

Descendientes de Adán, la primera comunidad de fe: Abel, Set, Enoc, Cainán, Mahalaleel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, Noé. 

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La adoración

“El huerto del Edén permaneció en la tierra mucho tiempo después que el hombre fuera expulsado de sus agradables senderos. Durante mucho tiempo después, se le permitió a la raza caída contemplar de lejos el hogar de su inocencia, cuya entrada estaba vedada por los vigilantes ángeles. En la puerta del paraíso, custodiada por querubines, se revelaba la gloria divina. Allí iban Adán y sus hijos a adorar a Dios. Allí renovaban sus votos de obediencia a aquella ley cuya transgresión los había arrojado del Edén” (MSV 352).

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El origen de las ciudades

“Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén. Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc” (Génesis 4:16-17).

“En el mundo entero, las ciudades se vuelven semilleros del vicio… Cada día se registran actos de violencia: robos, asesinatos, suicidios y crímenes indecibles. La vida es falsa y artificial… pasión por el dinero… el afán de los placeres, la ostentación, el lujo y la prodigalidad… No era el propósito de Dios que los hombres vivieran hacinados en las ciudades… Al principio Dios puso a nuestros primeros padres entre las bellezas naturales en medio de las cuales quisiera que nos deleitásemos hoy. Cuanto mejor armonicemos con el plan original de Dios, más fácil nos será asegurar la salud del cuerpo, de la mente y del alma” (MC 281, 282). 

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El arca de Noé

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal… Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.” (Génesis 6:5, 8).

Dios dijo a Noé que construyera un arca, donde su familia, los animales, y todos aquellos que se arrepintieran de sus pecados, pudieran salvarse. Noé trabajó y predicó llamando al arrepentimiento y advirtiendo la destrucción de la tierra por el diluvio. Pero no le creyeron y murieron ahogados.

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis (Mateo 24:37, 44).

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